lunes 10 de diciembre de 2007

¡ Contrarrestar la Desertificación es Tarea de Todos ! (*)

Por: Ing°. Segundo A. Camacho Silva
C.I.P. N° 33670


En estos últimos años, una de las preocupaciones de moda a nivel mundial es el problema de la contaminación ambiental y cambio climático, lo cual conlleva a la Desertificación.

Existe un proceso de degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas como resultante de diversos factores tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas. Cuando la temperatura aumenta y permanece alta durante varios meses y las lluvias son raras e irregulares, la vegetación crece con dificultad. Se trata de una sequía, cuando las lluvias han sido significativamente menores a los tradicionales, y que produce graves desequilibrios hidrológicos que perjudican a los sistemas de producción agrícolas. Por otro lado las malas prácticas agrícolas ejecutadas por el ser humano acentúan el deterioro de los recursos agua, suelo y vegetación.

Detengámonos a analizar nuestro espacio ambiental del ayer, donde las épocas de lluvia y secas se presentaban casi en los mismos meses año tras año, lo cual permitía a nuestros abuelos agricultores a calendarizar sus actividades agrícolas, sus siembras y cosechas, que lógicamente satisfacían sus necesidades primordiales, la producción generalmente era orgánica, con poca o casi nada enfermedad y/o plaga alguna, donde alcanzaba las cosechas para el trueque y se guardaba en los trojes de un año para otro, había para la venta y nuestros abuelos no conocieron programa social alguno como el Programa Juntos, Vaso de Leche, Comedores Populares, PRONAA, ONGs, Programa Crecer, entre otros. En la actualidad cada día se va acentuando el problema ambiental, existen sequías en cualquier época del año, lluvias torrenciales imprevistas, inundaciones en zonas bajas, las granizadas y heladas se presentan intempestivamente, numerosos puquiales o manantes de agua ya han desaparecido y algunos solo aparecen en época de lluvia, muchas chacras de cultivo se han convertido en pastizales de crianza extensiva para seguir engordando el monopolio de las Empresas acopiadoras de leche; así como por la escasez de recursos naturales y productivos, la población empezó a migrar y la que quedó pasó a depender del asistencialismo y paternalismo generado por los Programas Sociales creados para contrarrestar la carencia de productos y el hambre cada vez es mayor.

En este contexto es necesario crear un ambiente propicio para que las poblaciones futuras gocen aún de un ecosistema favorable y que los países afectados puedan combatir eficazmente la desertificación. Resulta menos costoso prevenir los fenómenos de desertificación que combatirlos. No obstante, una vez que el daño está hecho, es necesario recuperar y rehabilitar, lo cual resulta largo y costoso. A pesar de la gravedad de la degradación de la tierra, no se trata necesariamente de una etapa final. Mediante la utilización de prácticas agrícolas adecuadas, esta tendencia puede ser revertida. Para poder conservar la productividad de los suelos, es necesario adoptar prácticas sostenibles a largo plazo como propiciar la concertación interinstitucional, lograr la participación activa de las organizaciones de base y sensibilizar a los Gobiernos Regionales para que desde este nivel apoyen en impulsar la gestión de cuencas con un enfoque de desarrollo y dejando de lado el asistencialismo. La Gestión de Cuencas debe entenderse como un proceso integral, multisectorial y multidisciplinario del manejo de los recursos naturales y productivos a fin de lograr un desarrollo sostenible y por lo tanto una mejora en la calidad de vida del ser humano.

En cuanto a la actividad minera, todo ser humano no es ajeno a pensar que cualquier proyecto de esta índole contribuye al desarrollo nacional, generando millones de dólares en exportaciones a nuestro país, por lo que también pensamos en que se tiene que seguir apoyando al sector minero. Sin embargo, también existen grupos de la sociedad civil que rechazan a la minería, caso específico el de muchas comunidades en Cajamarca que se están negando a que se inicien proyectos mineros en sus localidades.

La respuesta a estas negativas tiene poco que ver con la aparente irracionalidad de los pobladores locales y más con una falta de visión de desarrollo integral del país. Por otro lado el centralismo abrumador no permite preocuparse por la pobreza en la que siguen las zonas mineras y, ¿qué sería de esos pueblos si no fuese por la minería? que ha construido carreteras, colegios, postas médicas, etc. Recién en los últimos años, se estableció la Ley del Canon Minero que canaliza parte del impuesto a la renta pagado por las empresas mineras a los gobiernos locales y regionales.

Si se quiere que la minería arrastre a otras actividades económicas se tiene que pensar en programas de apoyo para que las empresas locales puedan articularse con las empresas mineras. La experiencia de Yanacocha, que tiene una política de compra a empresas locales, no ayudó mucho debido a que las empresas cajamarquinas no podían satisfacer sus requerimientos en calidad y en prestación del servicio. El desarrollo local necesita que las autoridades, las instituciones y la población local participen activamente en su desarrollo.

Sin embargo los pueblos de zonas mineras están más activos y han empezando a demandar. Generalmente los pobladores asentados o cercanos al ámbito de la actividad minera, en el mejor de los casos son tomados como prestadores de servicios a nivel de obrero eventual, constituyéndose como objeto más expuesto a la contaminación insitu, siendo los cargos de toma de decisiones para profesionales o personal foráneo y, como respuesta a la actividad minera se genera actividades de servicio integral que en cierta forma dinamizan la actividad económica del poblador local, pero sin dejar ésta de ser de subsistencia. Después de todo, los impactos positivos de la minería no se sienten a nivel local pero sí los impactos negativos.

Lamentablemente donde toda actividad minera es desarrollada sin los estándares de calidad, el tema ambiental está en tela de juicio. Cada vez es más frecuente la queja de las comunidades locales frente al deterioro ambiental que genera la minería. Si uno piensa en la calidad de aire y del agua que se dispondrá en estos lugares de extracción, tratamiento y/o relaves, la imagen que se tiene es que la minería ciertamente contamina más que el resto de las actividades productivas. La contaminación ambiental tiene un alto componente acumulable, relaves vertidos sin tratamiento al cauce de los ríos y fundiciones sin equipos de captación de partículas sólidas, entre otros, a pesar que las compañías mineras se escuden en que ahora cumple con todas las normas ambientales impuestas por el gobierno y que es el sector líder en la reglamentación y cumplimiento ambiental. A la fecha no han garantizado que la calidad del agua, el aire o los suelos de las localidades mineras mejore. El agua es un insumo básico en el procesamiento de minerales, cómo se la utilice impactará en la reducción de la cantidad de aguas superficiales y subterráneas para los diferentes usos en las cuencas donde interviene, dependiendo de la dimensión de las mismas. No hay que olvidar que muchas lagunas dan lugar al nacimiento de los ríos, como al Sendamal, Chugur y Chugurmayo, entre otros y, las minas aprovechan el agua de estas lagunas para sus actividades de extracción y procesamiento.

Por ello, los relaves que contienen químicos metálicos y principalmente sólidos en suspensión, casi siempre llegan sin ningún tratamiento a los ríos, generando la turbidez del agua, impidiendo que los rayos solares lleguen al fondo del río e imposibilitando el desarrollo de las plantas y especies animales acuícolas y peor aún esta agua no podrá ser aprovechada en los sistemas de riego y consumo humano.

El manejo ambiental significa educación. No solamente la actividad minera contamina, sino veamos los desagües que se vierten sin ningún tratamiento previo, los botaderos de basura municipales, quemas indiscriminadas de los pastizales y rastrojos, sobrepastoreos, agricultura con uso de plaguicidas residuales, compactación de los suelos, etc. también son actividades contaminantes muchas veces peores que la minería.

Entonces podemos decir que la minería no es perjudicial en sí misma. Puede y debe ser una actividad que nos ayude a crecer y desarrollarnos, pero es necesario desarrollar instrumentos de gestión local y capacitar a las autoridades y poblaciones locales para que esos beneficios se cristalicen en armonía con nuestro medio ambiente.
* Artículo con el que Fuscán no necesariamente se solidariza.

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